Víctimas: la
represión nacionalista en un pueblo andaluz
Richard J. Barker
Presented at the Mid-American Conference on Hispanic Literature
Madison, Wisconsin
September 23, 2000
Llevo desde 1988
haciendo investigaciones en Castilleja del Campo, el pueblo más pequeño de la
provincia de Sevilla. Estoy escribiendo
una historia del pueblo desde el comienzo de la república en 1931 hasta la
victoria de los socialistas en 1982.
Naturalmente, no puedo tratar aquí de todo esto, así que me limitaré a
lo que los habitantes mismos perciben como el suceso más dramático, lo que un
hombre que entrevisté denominó “la rebomba gorda,” la represión. Según el censo del 31 de diciembre de 1935,
Castilleja tenía una población de 744 habitantes. Teniendo en cuenta lo pequeño del pueblo y el hecho de que no
resistió cuando fue ocupado el 24 de julio de 1936 por las fuerzas de Franco,
las medidas tomadas para sujetar la población parecen exageradas. Dieciséis hombres fueron fusilados[1]
Si
examinamos la lista de los fusilados, podemos sacar unas conclusiones sobre los
métodos de la represión nacionalista en la Andalucía rural. Los tres que fueron fusilados en Sevilla
estaban allí cuando comenzó la guerra y fueron detenidos allí. Todos los otros fueron detenidos en
Castilleja del Campo o cerca del pueblo en el campo donde se habían
escondido. Sin embargo, excepto en un
caso, todas las víctimas fueron fusiladas fuera del término municipal de Castilleja. La excepción, José Pérez Rodríguez, el único
que murió en el pueblo, fue un caso de obstinación. Este hombre estaba casado con la hermana de uno de mis
informantes quien me contó la historia.
Mientras Pérez estaba encerrado en el ayuntamiento de Castilleja le dijo
a su mujer, que había ido a verlo, que no iban a llevarlo por allí a matarlo,
que lo tendrían que matar en el pueblo.
En efecto, cuando lo metían en el camión, se escurrió entre los
falangistas y huyó por la calle. Un
tiro le dio en una pierna pero, cojeando, llegó hasta la salida del pueblo
donde le alcanzó un falangista, primo hermano suyo, que le machacó la cabeza a
culatazos.
El matar a las víctimas lejos de su
pueblo obedecía a varios imperativos.
En el caso de los que murieron el 27 de agosto, se debía, en parte, a que
la cárcel improvisada en el ayuntamiento estaba llena y había que llevarlos a
la cárcel de un pueblo más grande, Sanlúcar la Mayor, y de allí fueron sacados
al lugar de fusilamiento, la Venta del Repudio, en el término municipal de
Espartinas. Pero a víctimas
posteriores, los llevaron directamente de Castilleja al lugar de fusilamiento,
el caso de los que murieron a mediados de septiembre en el ramal de la
carretera de Umbrete, también en el término municipal de Espartinas. Excepto los que murieron en Sevilla, todos
los fusilados de Castilleja del Campo están enterrados en el cementerio de
Espartinas. No había por qué
llevarlos a veinte kilómetros del pueblo.
También había una fosa común en el cementerio de Castilleja donde están
enterradas víctimas desconocidas de otros pueblos. En estos casos,
el transporte de presos era como una especie de juego de trile y servía para
encubrir las dimensiones de la represión, dificultando la contabilización de
las víctimas. También protegía a las autoridades locales como el
cura, el alcalde, los cabecillas de falange, o sea, los que confeccionaban las
listas de los que iban a ser fusilados, permitiéndoles decir que no tenían la
culpa del fusilamiento de vecinos, que eran fuerzas de por allí que tenían la
responsabilidad. Esta fue la farsa que
José Pérez Rodríguez había querido desmentir con su muerte en las calles de
Castilleja.
José
Pérez Rodríguez
Otra cosa que llama la atención al examinar la
lista de fusilados es que la represión en Castilleja del Campo refleja la
naturaleza esencialmente clasista e ideológica de la guerra civil. Once de los dieciséis fusilados, casi el setenta y
cinco por ciento, se denominan profesionalmente como trabajadores del campo, o
sea jornaleros sin tierra. Estos eran
los miembros del proletariado rural que engrosaban las filas de la
anarcosindicalista CNT y el sindicato socialista, la UGT. De las otras víctimas, tres son hombres con
un oficio de clase media o clase media baja (un carnicero, un mecánico, un
barbero), la clase cuyos miembros tendían a apoyar los varios partidos
republicanos. Los que
quedan pertenecían a las dos profesiones liberales más duramente castigadas por
la represión nacionalista, la enseñanza y la medicina. Estas profesiones atraían a personas
progresistas, anti-tradicionales, frecuentemente anti-clericales, cuyo
humanitarismo les daba a menudo un fuerte sentimiento de solidaridad con las
clases marginadas.
La venta del Repudio (término municipal de Espartinas): Manuel Escobar Moreno, Ludgardo García Ramírez, Manuel Monge Romero, y quizás otros hombres de Castilleja del Campo fueron fusilados aquí en la noche del 27 de agosto de 1936.
El ramal de la carretera de Umbrete (término municipal de Espartinas): José Fernandez Luque, Lucrecio Paz Delgado, Manuel Tebas Escobar, y quizás otros hombres de Castilleja del Campo fueron fusilados aquí en la noche del 14 de agosto de 1936.

El cementerio de Espartinas: Hombres de Castilleja del Campo están enterrados en una fosa común que está entre el panteón nuevo a la izquierda y el muro de nichos a la derecha.
Antonio Cruz Cruz Manuel Escobar Moreno José Fernández Luque Ludgardo García Ramírez
Joaquín León Trejo José Luis López Romero Enrique Monge Escobar Manuel Monge Romero
Cándido Nieves Pérez Lucrecio Paz Delgado José Pérez Rodríguez Braulio Ramírez García
José Ma. Ramírez Mauricio José Ramírez Rufino Alfredo Reinoso Monge Alfredo Reinoso Monge
Estas son imágenes
de trece de los dieciséis fusilados, fotos o, en el caso de José Pérez
Rodríguez, el que murió en las calles de Castilleja, o José Ramírez Rufino, el
alcalde republicano, son una pintura y un dibujo basados en recortes de
periódico. Para ubicar estas imágenes,
tuve que buscar a familiares de los fusilados y me di cuenta de que había otra
categoría de víctimas. La muerte de
estos hombres dejó también 25 víctimas económicas. Se quedaron a la deriva once viudas y catorce huérfanos menores
de edad. Aunque tres de los fusilados
poseían pequeñas fincas rurales, éstas fueron incautadas dejando a sus viudas y
huérfanos sin propiedad y, como las familias de los otros fusilados, en la más
absoluta pobreza. Hay que entender que
la paga de viudedad no se extendió a las mujeres de republicanos hasta 1977. Estas familias se quedaron sin ingresos.[2]
Entrevisté
a cuatro de los huérfanos. Quería saber
cómo sus madres se las arreglaban para sobrevivir. Muchas tuvieron que mudarse a la casa de algún familiar. Algunas probaron el trabajo en el campo,
pero sólo ganaban la mitad de las 5 pesetas 25 céntimos la jornada que ganaban
los hombres y no era bastante. Otras
entraban de servicio en las casas de familias adineradas, a veces las mismas
que tenían alguna responsabilidad de los fusilamientos, a cambio de
alojamiento, comida, y poco más. La
solución más frecuente era lo que dos de los huérfanos que entrevisté llamaban
el “estraperlo.” Sus madres llevaban
cestas con pequeñas cantidades de garbanzos, huevos, etc. por tren a Sevilla o
Huelva para vender en el mercado negro en contravención del racionamiento. Así se podía ganar cinco pesetas o más al
día pero había que pagar parte a los carabineros para que echaran la vista
gorda. Incluso así, por este tipo de
contrabando la madre de Otilia Escobar Muñoz estuvo tres veces en la cárcel en
condiciones infrahumanas donde reinaban el hambre, la avitaminosis y las
epidemias. La última vez que su madre
estuvo en la cárcel Otilia tenía once años y recuerda que, al salir, su madre
sufría de una eczema tan severa que parecía que le habían cortado con una
navaja debajo de los pechos.
Dos
de los huérfanos que entrevisté habían sido demasiado jóvenes para conocer a
sus padres y me di cuenta que, además de ser víctimas económicas, la muerte de
sus padres les había causado un profundo sufrimiento psicológico. Aprendí que además de los casetes y pilas de
repuesto para el magnetófono, había que llegar a estas entrevistas pertrechado
de paquetes de pañuelos porque las entrevistas se llevaban a cabo entre ataques
de llanto. Los que vivieron la
represión, la guerra, y la posguerra en su infancia fueron marcados más
profundamente que los que las vivieron como adolescentes o adultos. Su carácter mismo se había formado en un
ambiente de miedo, odio, silencio y carencia.
No habían conocido, como sus mayores, ni la relativa prosperidad de la
dictadura de Primo de Rivera ni el clima de libertad y esperanza de la
república. Luego habían vivido la mayor
parte de sus vidas bombardeados por la propaganda de un régimen que justificaba
su origen en una sublevación militar y guerra civil calificadas como necesarias
para salvar España purgándola de los elementos malvados y traidores de la
anti-España. ¿Cómo iban a defenderse
estos huérfanos de las injurias dirigidas contra sus padres cuando ni habían
podido conocerlos? Las dos huérfanas de
esta edad que entrevisté se sintieron obligadas en algún momento de la
entrevista a citar alguna opinión positiva que habían oído acerca de sus padres
para que yo supiera que no habían sido hombres tan malos.
Además
de las viudas, víctimas económicas, y, a fin de cuentas, castigadas como efecto
secundario del castigo del esposo, había también mujeres que sufrieron la
represión nacionalista directamente. En
pueblos cercanos como Manzanilla a nueve kilómetros de Castilleja había incluso
mujeres fusiladas.[3] Esto no le ocurrió a ninguna mujer en
Castilleja pero a principios de septiembre de 1936 había diez mujeres que
sufrieron la típica humillación fascista:
tuvieron que ingerir un purgante de aceite de ricino, recibir un rapado
de pelo, y desfilar por todo el pueblo al son de un tambor cantando “Cara al
sol,” el himno de falange.[4] Siete de ellas eran parientes de los
fusilados.
El
propósito de la represión en la zona nacional fue sujetar a la población por
medio del terror. Por lo tanto, yo
incluyo como otra categoría de víctimas de la represión a aquellos hombres de
ideología republicana que tuvieron que servir en las fuerzas franquistas. No podían pasar al otro lado por miedo de
represalias contra sus familias.
Algunos se vieron obligados a incorporarse en milicias falangistas para
no ser fusilados ellos mismos. El
terror les llevó a la situación conflictiva de arriesgarse la vida luchando en
contra de sus propios ideales. Setenta
y nueve hombres de Castilleja del Campo, más de diez por ciento de la población,
fueron clasificados en 1940 como excombatientes en las fuerzas
franquistas. Es imposible saber cuántos
de ellos eran de izquierda y cuántos eran de derecha pero dada la composición
económica e ideológica del pueblo al estallar la guerra es probable que más de
la mitad fueran de izquierda. Siete de
ellos incluso eran hermanos de los fusilados.
No sólo lucharon en contra de sus ideales sino en defensa de los
asesinos de sus hermanos.
En esta foto, sacada en el lado franquista del frente de Málaga, los cuatro hombres de pie en la segunda fila son, de izquierda a derecha, Celedonio Escobar Reinoso, Modesto Escobar Moreno, Antonio García Ramírez, y Antonio Monge Pérez, todos de Castilleja del Campo. He entrevistado a Celedonio Escobar Reinoso y Antonio Monge Pérez y sé que son de izquierda. Antonio Monge Pérez es hijo de Felisa Pérez Vera, una de las mujeres humilladas en septiembre de 1936. Modesto Escobar Moreno y Antonio García Ramírez son hermanos, respectivamente, de Manuel Escobar Moreno y Ludgardo García Ramírez, fusilados el 27 de agosto de 1936.
El
destino de Antonio García Ramírez es especialmente conmovedor. Después de la guerra civil, fue obligado a
alistarse “voluntario” en la “División Azul” que Franco envió a Hitler para
combatir contra la Unión Soviética durante la segunda guerra mundial. Más tarde fue herido en una pierna y murió
cuando el hospital donde lo curaban fue destruido por la artillería soviética. Antonio García Ramírez es un caso único en
Castilleja del Campo: el único del
pueblo que murió en combate, hecho increíble en vista de que hombres de
Castilleja participaron en combates tan sangrientos como la segunda batalla de
Brunete y la batalla del Ebro, increíble pero también significativo. En una guerra civil en que el enemigo puede
ser el vecino de al lado o un primo hermano, las trincheras quizás son menos
peligrosas que las calles del pueblo natal.
Algunos hombres que entrevisté me dijeron que sentían más miedo en el
pueblo de permiso que en el frente.

Antonio García Ramírez
Había escrito en la foto: “Con cariño te lo envía tu hermano Antonio García.” El hermano a quien había mandado la foto se llamaba Manuel.
Manuel
García Ramírez
De 89 años cuando fue sacada esta foto en la primavera del año 2000. Tiene en sus manos una foto de dos de sus
hermanos: Ludgardo a la izquierda,
fusilado el 27 de agosto de 1936, y
Antonio, a la derecha, que murió en el frente ruso.

Dos fotos que Antonio García Ramírez le mandó a su familia desde Rusia. En la foto a la izquierda, Antonio es el soldado en el centro en las trincheras del frente ruso. En la foto a la derecha, Antonio es el primer soldado desde la izquierda sentado en la barca a la derecha. Están en el lago Ladoga en Rusia.
Otro caso único en el
pueblo era Juan Antonio Luque Romero, el único del pueblo que luchó en el lado
republicano. Se había aprovechado de la
confusión de una batalla para pasar desapercibido a la banda republicana. Después de la guerra fue procesado y pasó
varios años preso, primero en una cárcel, después en un batallón de trabajo
forzado, y finalmente en libertad vigilada que no le fue levantada hasta los
años cincuenta. Era uno de cinco
hombres de Castilleja del Campo, además de los fusilados, que fueron
encarcelados por motivos políticos durante o después de la guerra.[5]

Juan
Antonio Luque Romero
Sería imposible contar brevemente todo el culebrón de cómo llegué a
tener esta información, pero basta decir que yo no habría podido cuantificar
en todas sus dimensiones la represión en Castilleja del Campo sin la existencia
simultánea del testimonio oral de los sobrevivientes y el acceso al archivo
municipal. Recientemente se han llevado
a cabo en España muchas investigaciones a nivel local y a nivel provincial
sobre la represión, investigaciones basadas en esta combinación de testimonio
oral y consulta de archivos. Estos
estudios cambian radicalmente nuestra idea de las represiones en ambas zonas.
Parece que el número de víctimas asesinadas en la represión franquista
es casi el triple de lo que se pensaba y que el número de víctimas en la represión
republicana es bastante menos de lo que se creía.
Los historiadores españoles del régimen franquista calculaban unos
70.000 víctimas en zonas republicanas pero es probablemente menos de 50.000. Los mismos historiadores calculaban unos 57.000 víctimas en la zona franquista, pero las nuevas
investigaciones indican que la cifra probablemente llega a casi 150.000 e
incluso puede superar ese número.
[6]
Soy bastante pesimista en cuanto la posibilidad de llegar a una cuantificación
indiscutible, con listas nominales, para todo el país.
Todavía hay lugares donde se les niega a los investigadores acceso
a los archivos, como Espartinas donde el juez de paz no me permitió consultar
el registro civil de defunciones. Cuando
todos los funcionarios todavía influidos por el franquismo hayan desaparecido,
me temo que ya no vaya a haber sobrevivientes de la guerra civil y la represión,
y su testimonio es imprescindible para llenar los huecos en la información
en los archivos. Sin embargo, creo
que el esfuerzo merece la pena. He
conocido a muchos españoles que son indiferentes al estudio de la represión.
Opinan que todo esto fue hace mucho tiempo y ya no tiene importancia.
Conozco también a algunos que incluso son hostiles frente a la investigación
de un pasado doloroso, diciendo que va a abrir viejas heridas o manchar la
reputación de personas que no pueden defenderse por estar muertas. No puedo aceptar ninguna de estas actitudes. La historiografía sería remisa si no intentara
llegar lo más cerca posible a la verdad. No sería justo que al franquismo se le descontara casi dos tercios
de sus crímenes ni que se siguiera achacando a la república casi el doble
de los crímenes cometidos en su territorio.
En cuanto a lo de
abrir viejas heridas, durante mis investigaciones no conocí a ningún familiar
de un fusilado con heridas cerradas. Más
bien lo que tenían eran heridas mal disimuladas. Puede que a los familiares de los responsables
les incomode la publicación de información acerca de las acciones de sus difuntos,
pero esta incomodidad no se puede comparar con las tragedias sufridas por
las víctimas y sus familiares. No
olvidemos que los responsables, desde Franco hasta los alcaldes, párrocos,
guardias civiles y cabecillas de falange que participaban en la represión
sacaron gran provecho tanto político como económico a expensas de sus víctimas
y nunca tuvieron que responder de sus acciones. El terror que habían difundido les protegía
de críticas y de enjuiciamiento mientras
mantenían el poder y hasta después de perder el poder.
Finalmente, sería
una gran injusticia olvidar a las víctimas.
José Ramírez Rufino, miembro de Izquierda Republicana, era el alcalde de
Castilleja del Campo, elegido democráticamente el 12 de abril de 1931, destituido
ilegalmente por miembros de la CEDA el 14 de octubre de 1934, reelegido el 16
de febrero de 1936, y finalmente destituido y detenido ilegalmente el 24 de
julio de 1936 por un guardia civil y miembros de la falange. Mis investigaciones en el archivo municipal
indican que José Ramírez Rufino le dio a Castilleja uno de los gobiernos más
honrados de su historia. El y las otras
víctimas (concejales, líderes o miembros del sindicato, simpatizantes) lucharon
siempre dentro de los límites de la ley por un pueblo más democrático
políticamente y más equitativo económicamente.
Perdieron la vida como consecuencia de esta lucha. No se permitió que sus vidas fueran
celebradas ni que su sacrificio fuera conmemorado. Sus nombres no aparecen en ninguna lápida ni en el rótulo de
ninguna calle. Para nueve de ellos, la
mayoría, sus nombres ni siquiera aparecen en el registro civil de defunciones
del pueblo que habían servido. No
podemos remediar el que perdieron la vida pero podemos y debemos evitar que
pierdan el haber vivido.
Cruz Cruz, Antonio 30 Campo
Escobar Moreno, Manuel 30 Campo 27 VIII 36 Venta del Repudio
Fernández Luque, José 43 Campo 14 IX 36 Carretera de Umbrete
García Ramírez, Ludgardo 29 Carnicero 27 VIII 36 Venta del Repudio
León Trejo, Joaquín 43 Maestro 22 VIII 36 Sevilla
López Romero, José Luis 31 Mecánico 20 XI 36 Sevilla
Monge Escobar, Enrique 43 Campo
Monge Romero, Manuel 31 Campo 27 VIII 36 Venta del Repudio
Nieves Pérez, Cándido 39 Campo
Paz Delgado, Lucrecio 48 Campo 15 IX 36 Carretera de Umbrete
Pérez Rodríguez, José 37 Campo 14 IX 36 Castilleja del Campo
Ramírez García, Braulio 25 Médico 28 XII 36 Sevilla
Ramírez Mauricio, José Ma. 21 Campo
Ramírez Rufino, José 61 Barbero
Reinoso Monge, Alfredo 26 Campo
Tebas Escobar, Manuel 38 Campo 14 IX 36 Carretera de Umbrete
[2] Viudas y huérfanos menores
de edad de los fusilados de Castilleja del Campo
Antonio Cruz Cruz
Viuda: Dionisia Monge Romero 24 años*
Huérfano: Adelino Cruz Monge Póstumo
Viuda: Carmen Muñoz Caraballo 30 años
Huérfana: Otilia Escobar Muñoz 1 año
Viuda: Laura Rodríguez Luque 35 años
Huérfanas: Digna Fernández Rodríguez 12 años
Luisa Fernández Rodríguez 5 años
Viuda: Concepción García Baquero 37 años
Huérfanos: José León García 16 años
Antonio León García 14 años
Carmen León García 5 años
Criada
(?): Josefa Adorna Sánchez 36 años
Hijastro: Manuel Adorna Sánchez 17 años
Viuda:
Rosario Luque Romero 28
años
Huérfana:
Dalia Monge Luque 3 años
Viuda: Manuela Sousa Bernal 23 años
Viuda: Carmen Rufino Ruiz 47 años
Viuda: Carmen Monge Pérez 26 años
Huérfanos: Juan Pérez Luque 13 años
Violeta Pérez Monge Póstuma
Viuda:
Dolores Carretero Luque 26
años
Viuda: Suceso
Rodríguez Luque 35
años
Huérfanos:
Rosario Tebas Rodríguez 8 años
Elías M. Tebas Rodríguez 7 años
Sara Tebas Rodríguez
4 años
*Edad a la muerte del
fusilado
[3]
F. Espinosa Maestre, La guerra civil
en Huelva, Imprenta de la Diputación de Huelva, Huelva, 1996, pág. 435.
[4] Mujeres humilladas en
Castilleja del Campo (incluye mote, edad en 1936, y parentesco con fusilado):
Escobar Moreno, Rosario La Crespa 29 Hermana de Manuel Escobar Moreno
Escobar Rufino, Rosario La Picarita 64 Madre de Manuel Tebas Escobar
González Garrido, Isabela La Belenda 33
Luque Rodríguez, Francisca La Peluza 39 Cuñada de Alfredo Reinoso Monge
Muñoz Caravallo, Carmen La Merenga 30 Esposa de Manuel Escobar Moreno
Muñoz Rufino, Elvira 33 Cuñada de Alfredo Reinoso Monge
Nieves Pérez, Carmen La Pomporita 41 Hermana
de Cándido Nieves Pérez
Pérez Vera, Felisa 49
Rodríguez Luque, Laura La Chica Pilar 35
Tebas Escobar, Esmoralda 36 Hermana de Manuel Tebas Escobar
[5] Presos de Castilleja del Campo (aparte de
los fusilados):
Donaire Leal, Pedro
Luque Romero, Juan Antonio
Monge Romero, Francisco
Pozo Cuevas, Eugenio
Ramírez García, Bernardino
[6] Santos Juliá, Víctimas de la guerra
civil, Ediciones Temas, S. A. (T.
H.), Madrid, 1996, págs. 409-410.